Una fiesta para la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba


Por Mons. Ramón Suárez Polcari

Desde que aconteció el hallazgo de la bendita imagen de la Virgen de la Caridad flotando sobre las aguas de la bahía de Nipe hace 400 años, con distinta intensidad, la devoción cubana a la Virgen María se ha hecho presente en la vida de nuestro pueblo. Los primeros grupos peregrinos de Santiago de Cuba y Bayamo que iban al Cobre para expresar su fe sencilla ante la imagen de la Madre, sin pretenderlo, quizás, fueron abriendo senderos para otros muchos provenientes de lugares más distantes de la Isla.

Sin un “plan pastoral” procurado por la Iglesia, pero sí con una doctrina trasmitida por ella a todos los estratos de la sociedad colonial, la devoción a la Virgen de la Caridad, venerada en el Cobre, creció notablemente.

En las primeras décadas del siglo XVIII, el Obispo Valdés erigía la iglesia de San Jerónimo de las Tunas y mandaba edificar un rústico hospedaje para los “peregrinos” que iban al Cobre. Ya en el XIX hay imagen de la Virgen de la Caridad en La Habana, en la entonces Parroquia de Guadalupe, y los Voluntarios habaneros proclaman patrona de su regimiento a la Virgen bajo este título mariano; llegan los difíciles años de las Guerras y la Virgen de la Caridad acompaña a los mambises y es invocada en templos y hogares para salvaguardar la vida de los familiares insurrectos, obtener la independencia y alcanzar la paz.

Allá en el Cobre libre, Calixto García manda a su Estado Mayor encargue Misa a los pies de la Virgen para celebrar el fin de la guerra, considerando aquel lugar sagrado territorio libre de poder colonial y como el remanso de paz en medio de tanto dolor e incertidumbre. Ya en la República, se organizan veteranos en torno al general Jesús Rabí y le escriben al Papa Benedicto XV para que nombre a la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba. Lograda la petición y como un eco del indiscutible crecimiento de la devoción de una inmensa mayoría del pueblo, aparece una nueva petición. Esta vez al Congreso de la Nación. Otro veterano, Eduviges Abreu Ramos, respaldado por una larga lista de antiguos miembros del Ejército Libertador, solicitaba se declarara “fiesta oficial en todo el territorio nacional, el día 8 de septiembre, como justo y patriótico homenaje a la Patrona de Cuba y de toso los cubanos.” (Carta al Congreso con fecha 19 de septiembre de 1949)

Sobre estas gestiones, esta vez fallidas, y su desenvolvimiento tratará este trabajo de la revista Vivarium.